LA EDUCACIÓN SUPERIOR COMO REFERENTE CULTURAL Y CIENTÍFICO EN EL SIGLO XXI
Desafios curriculares y desarrollo profesional ante el reto tecnológico-IA
El año 2025 es marca un hito para un nuevo encuentro de la Red Iberoamericana en la Investigación de la Calidad de la Educación Superior (RIAICES), desde un contexto global profundamente desafiante, pero también lleno de oportunidades. Nuestro congreso se celebra en Cartagena de Indias, una ciudad símbolo de interculturalidad, resistencia y creación colectiva. No es casual que nos reunamos aquí: lo hacemos con la firme convicción de que la educación superior tiene hoy, más que nunca, un papel protagónico como referente cultural y científico del siglo XXI. La educación superior no es solo un espacio de formación profesional o técnica. Es, por definición, un espacio donde se construyen identidades, se configuran valores, se promueven lenguajes, se gestan teorías y se experimentan prácticas que transforman las sociedades. Es también un lugar donde confluyen tradiciones culturales, saberes ancestrales, tecnologías emergentes, visiones científicas y aspiraciones humanas de justicia, dignidad y bienestar. Hoy queremos reivindicar esa doble dimensión de la educación superior: como un sistema que produce conocimiento riguroso y pertinente, y como un ecosistema vivo que genera cultura, pensamiento crítico, creatividad e innovación social a través de múltiples Edusistemas. La convocatoria de este congreso tiene un lema relevante: “Educación Superior: Desafíos curriculares y desarrollo profesional ante el impacto digital”. Pero más allá del título, nos interpela una realidad compleja: vivimos una época caracterizada por la aceleración tecnológica, la incertidumbre geopolítica, las crisis climáticas, las desigualdades estructurales y la emergencia de nuevas subjetividades. Ante este panorama, cabe preguntarnos: ¿qué papel debe jugar la educación superior en el siglo XXI? ¿Cómo puede seguir siendo un motor de transformación y un faro de esperanza?
Atendiendo a este planteamiento queremos compartir algunas ideas que consideramos esenciales para responder a estos desafíos.
Durante años, el debate educativo ha oscilado entre la valoración de la teoría como base del conocimiento y la urgencia de una práctica que resuelva problemas concretos. Hoy sabemos que esa dicotomía es estéril. No hay buena práctica sin reflexión teórica, ni teoría significativa sin conexión con la vida. Necesitamos una educación superior que enseñe a pensar y a actuar, a imaginar y a hacer, a investigar y a transformar.
Los currículos deben ser espacios de integración entre el saber disciplinar y las competencias transversales; entre el conocimiento académico y los saberes populares; entre la investigación científica y el compromiso ético con la sociedad. No podemos permitir que nuestras universidades formen profesionales desvinculados de los problemas reales, ni tampoco técnicos sin pensamiento crítico.
En este sentido, recuperar la conexión entre teoría y práctica significa también defender el lugar del conocimiento humanístico, de la filosofía, de las artes, de la pedagogía y de las ciencias sociales como piezas fundamentales para comprender y reconfigurar el mundo digital en el que habitamos.
La complejidad del siglo XXI no puede abordarse desde compartimentos estancos. Problemas como el cambio climático, las migraciones, la inteligencia artificial, la pobreza o la desinformación requieren enfoques transdisciplinarios, colaborativos, multiculturales. No basta con sumar disciplinas: hay que integrar saberes, metodologías, lenguajes y experiencias.
La educación superior debe liderar este cambio de paradigma. Es tiempo de crear comunidades de aprendizaje e investigación que reúnan a ingenieros y educadoras, a filósofas y programadores, a artistas y biólogas, a juristas y activistas sociales. Solo así podremos diseñar soluciones innovadoras y sostenibles que respondan a los retos de nuestro tiempo.
Además, la transdisciplinariedad implica superar la fragmentación entre niveles educativos, entre instituciones académicas y actores sociales, entre generaciones y territorios. Implica construir redes vivas de colaboración entre universidades, centros de innovación, gobiernos, empresas sociales y comunidades locales. Implica, en suma, construir un edusistema plural, dinámico y comprometido.
Este congreso es expresión concreta de esa vocación internacionalista y solidaria. La Red RIAICES nace de la convicción de que Iberoamérica y Europa tienen mucho que compartir, aprender y construir juntas. No desde una lógica de competencia, sino desde una ética de cooperación horizontal, de respeto mutuo, de co-creación de conocimientos. Frente a los riesgos del aislamiento, del nacionalismo educativo o del monocultivo cultural, proponemos una universidad abierta al mundo, con sensibilidad local y responsabilidad global.
Una universidad que acoge la diversidad lingüística, epistemológica y territorial como riqueza. Una universidad que reconoce los aportes de las mujeres, de los pueblos indígenas, de los movimientos juveniles y de las culturas populares. Desde RIAICES queremos seguir generando espacios de investigación compartida, programas de formación conjunta, estrategias de movilidad con sentido y proyectos de transformación educativa que respondan a nuestras realidades, sin importar las fronteras.
La Cultura Universitaria en el 2025, un cuarto de siglo recorrido, o en trance, nos demanda una nueva mirada. Una retrospectiva de la Institución universitaria y de su sentido a lo largo de la Historia, desde su especial resurgimiento en la Edad Media, en su gran avance desde numerosos siglos de trabajo de la Educación Superior, al situar su génesis en el siglo XII, su saber y hacer desde Bolonia (1088), tradicionalmente considerada la universidad más antigua del mundo occidental en funcionamiento continuo, también cabe destacar a Oxford (1096) y la Sorbona (1150) que se fundó como parte de la Universidad de París.
Otras instituciones destacables son la de Palencia (1208-1212) que, si bien fue efímera, es considerada la primera universidad española, Salamanca (1218) que recibió el título de Universidad por Alfonso IX, siendo la más antigua en activo en España y Montpellier (1220) que fue reconocida oficialmente por el papa Honorio III. En América nos encontramos en el siglo XVI con las de Santo Domingo (1538) que se denominó Universidad Santo Tomás de Aquino, fue considerada la primera de América, si bien fue clausurada y reabierta varias veces.
En México nos encontramos la Real y Pontificia Universidad de México, una de las más antiguas del Continente (1551), en Lima, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, considerada la más antigua en funcionamiento continuo en América, en Quito nos encontramos con la Universidad San Fulgencia, fundada por los dominicos y fue suprimida en 1681, antecedente de la Universidad Central y la de Cartagena de Indias (1827) si bien hay que considerar que los estudios superiores eclesiásticos datan de fines del siglo XVI, como el Colegio de San Luis Beltrán en 1604, con formación universitaria desde antes de su formalización, entre otros, que evidencian su brillante historia, que en 1999, implica un nuevo renacimiento denominado Espacio Europeo de Educación Superior, ligado a la histórica Bolonia.
El gran reto, la pos pandemia, 2019-2020, que ha significado la urgencia de una nueva forma de trabajo en línea -virtual, que ha introducido nuevas formas de hacer, pensar y actuar en la Universidades, pero recientemente, 2024, el impacto de la I .A, nos resitúa y toma un lugar preferente, en el que los algoritmos y los estilos de vivir la tecnología, se alteran y el CHAT GPT, aparece como una modalidad inteligente de actuar, traducir y gestionar ingentes cantidades de datos, que desafían los estilos instructivos y reduccionistas más clásicos.
¿Cuál es el nuevo enfoque curricular, que la Universidad ha de tomar y singularmente, qué sentido tendrá la proliferación de programas y nuevas bases pseudo-inteligentes del manejo y utilización de lo que sabemos-almacenamos, datos actuales o pasados?
El punto de encuentro ha de ser una nueva profesionalización y desarrollo del profesorado y estudiantes universitarios, asi como de los más innovadores líderes de y para una nueva Educación Superior, razón de ser del momento y sentido de este Congreso, que la RED RIAICES, necesariamente ha de abordar en este momento de gran impacto y transformación integral de sus universidades, colaboradores y singularmente de cada uno de sus miembros, abiertos al gran desafío de “descubrir la nueva cultura, el clima y los estilos de liderazgo, que hemos de asumir, trabajar e impulsar, retomando en Cartagena y en este gran momento de incertidumbres y retos, las verdaderas claves, que nuestras universidades y cada uno de nosotros hemos de investigar e innovar, personalmente, pero como RED, razón única de nuestro estilo de ser y transformar las instituciones UNIVERSITARIAS más necesarias aun en el momento actual y en su inmediato futuro.
Este congreso es una invitación.
La Junta Ejecutiva de RIAICES, le da la bienvenida a este espacio de encuentro y reflexión, convencida de que juntos y juntas podemos reconfigurar la educación superior como un verdadero referente cultural y científico del siglo XXI.
Gracias a cada persona y participante en esta RED, es el momento, y nuestra voz ha de estar afinada y plenamente justificada.
Muchas gracias.